Hacer ejercicio de por vida reduce las posibilidades de una persona de desarrollar diabetes, hipertensión arterial, derrame cerebral y enfermedades cardiovasculares, todas éstas pueden estar asociadas con un mayor riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer. El cerebro también se beneficia enormemente por el aumento de la circulación sanguínea provocada y prolongada por la actividad física regular.

La Fundación Bright Focus sostiene que el ejercicio mejora la totalidad de la condición física y mental, y la salud emocional también. El ejercicio es excelente para:

  • Liberar el estrés
  • Mantener un peso saludable
  • Aumentar la flexibilidad

Se recomienda una combinación de ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza y actividad para aumentar la flexibilidad. La capacidad del individuo para disfrutar de actividades recreativas dependerá en parte de su etapa de la enfermedad de Alzheimer. Muchas actividades pueden continuarse todavía, con algunas adaptaciones. Algunas formas de ejercicio que se sugieren para los que viven con la enfermedad de Alzheimer incluyen:

  • Caminar con un acompañante
  • Participar en clases de ejercicios aeróbicos en un centro para adultos mayores o piscina municipal
  • Realizar jardinería liviana
  • Jugar deportes modificados con los demás

A medida que la enfermedad avanza, aun así vale la pena salir para hacer actividad física, para mantener el tono muscular, la fuerza física y el estado de ánimo. Las sesiones con un fisioterapeuta podrían ser beneficiosas. Asegúrese de consultar cualquier plan de ejercicio con su proveedor de atención médica, para que un programa de ejercicios adecuado se pueda adaptar a sus necesidades específicas.