Ejercicios e interacción social

Se han identificado algunos factores denominados protectores que se asociarían con un menor riesgo de desarrollar demencia. Entre estos, muy relevante es el control de los factores de riesgo vascular y la mantención disciplinada de un estilo de vida saludable, incluyendo actividad física regular, estimulación mental e interacción social ya que según numerosos estudios epidemiológicos longitudinales incidirían en forma decisiva en la posibilidad de no presentar una demencia. Así lo plantean los investigadores Patricio Fuentes, Jorge Arriagada y Nibaldo Inestrosa, director del Centro UC CARE.

En los países de mayor desarrollo por años ha existido una creciente cultura de estilo de vida saludable, lo que no ocurre en los países de medianos o bajos ingresos.

Considerando que hacia el año 2050 se ha estimado que un 70% de la población con demencia vivirá en regiones de menor desarrollo, entonces la implementación sistemática de campañas de salud en estos países podría ayudar a reducir el riesgo global. La influencia positiva del estilo de vida saludable estaría basada, por una parte, en la reducción del riesgo vascular y del estrés y por otra, en el desarrollo de mecanismos biológicos como el de reserva cognitiva, referido a la habilidad potencial del cerebro para la reorganización sináptica y la consecuente compensación por estrategias cognitivas alternativas.

Hay consistente evidencia de que el riesgo general de demencia para la población podría ser modificado si se reduce, por ejemplo, de manera sistemática el consumo de tabaco y se mejora el adecuado control de la hipertensión arterial, de la diabetes mellitus y de otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad. Aun cuando existe controversia acerca de los reales beneficios que produciría un moderado consumo de vino tinto, es claro que el exagerado consumo de alcohol incrementa también el riesgo de desarrollar demencia, por múltiples mecanismos.

Por otra parte, numerosos estudios observacionales han sugerido que tanto la actividad intelectual (estimulación cognitiva) regular y adaptada individualmente como la actividad física, aeróbica y a lo menos de moderada intensidad y frecuencia, serían beneficiosas para la estructura y la función cerebrales.

Las actividades de estimulación cognitiva pueden ejercer beneficios sobre el cerebro y preservar o mejorar la función cognitiva, basadas en estudios experimentales efectuados en animales y humanos bajo estimulación mental, los cuales han demostrado mejorías medibles en salud vascular del cerebro y en neuro y sinaptogénesis.

El concepto, además, es que la reserva cognitiva influenciada por estas actividades intelectuales, físicas o sociales tendría un efecto umbral decisivo en la expresión clínica de la demencia.

Dieta mediterránea

En relación a nutrición, específicamente la dieta mediterránea que incluye cereales, frutas, pescado, legumbres y vegetales podría disminuir el riesgo de demencia al reducir la patología cardiovascular, incrementar la concentración de neurotrofinas plasmáticas y limitar cascadas proinflamatorias.

En síntesis, una pequeña reducción en múltiples factores de riesgo y porque las demencias son condiciones multifactoriales, podría sustancialmente reducir el riesgo global lo cual sería muy importante tanto a nivel individual como poblacional. De modo que intervenciones preventivas, multidominio y combinadas, enfocadas simultáneamente en distintos factores de riesgo, tienen la más alta probabilidad de ser efectivas.

Sin una cura actual para la demencia la implementación global de tales estrategias preventivas simples y efectivas, como el cuidado cardíaco, la actividad física regular, una dieta saludable, la estimulación mental y la actividad social serán esenciales para sostener saludablemente a una sociedad envejecida.

Entonces, cuando se exploren posibles estrategias preventivas que pudieran minimizar el riesgo de desarrollar una demencia en población adulta cognitivamente sana (prevención primaria), por razones obvias deberán considerarse programas que intenten de manera enérgica controlar los factores de riesgo y a su vez amplificar todos aquellos factores que podrían servir de protección. Asimismo, se ha determinado que en personas que ya tienen síntomas de declinación cognitiva o una demencia bien establecida (prevención secundaria y terciaria) podría producirse algún beneficio con estas conductas saludables, incluso logrando hacer más lenta la velocidad de progresión de la enfermedad.